La última calle que recorrió Luis Antonio Juárez Morales como policía municipal de Puebla fue la 41 Sur de la colonia Belisario Domínguez.
El oficial de 30 años iba junto con su compañero a bordo de la patrulla 006 en dirección a la Fiscalía General del Estado para hacer la remisión de sujeto detenido por asalto a transeúnte.
Eran las casi 8 de la noche cuando en su camino un grupo de personas les pidió auxilio porque tenía minutos que la unidad 5 de la Ruta 7A había sido asaltada por un grupo de delincuentes.
La gente estaba en pánico y la mayoría de las mujeres en crisis nerviosas: «Entreguen sus bolsas perras», gritaron los ladrones para exigirles sus pertenencias.
Las víctimas apenas pudieron narrar lo que vivieron con la voz entre cortada. «Se subieron apuntando con sus pistolas en dirección a la gente. Nadie se resistió».
Luis vio la escena de pánico y descendió de la unidad. En un recorrido a pie por la zona recibió un disparo en el cuello y murió minutos más tarde ante la tardía atención de una ambulancia médica.
El gobierno municipal trató de mejorar el panorama de la escena del crimen y a través de sus instancias oficiales arguyó detener de casi «manera inmediata a dos de los ladrones y asesinos del policía».
Según ellos, los delincuentes iban a bordo de una unidad Eco Sport con placas TZW2466 y llevaban consigo una arma 38 milímetros.




