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De repente se escuchó un tronido

No lo vimos venir, de repente se escuchó un tronido. La entrada principal se vino abajo, nosotros estábamos en la cocina le estaba dando de comer a mi hijo- son los recuerdos de Hortensia, mujer mayor que ve con nostalgia restos de lo que fue hasta el 19 de septiembre ,13.10 horas su casa, donada por el dueño de la ex fábrica  textil a los trabajadores de la época.

Fue la tarde  negra del 19 de septiembre, cuando la familia Morales vio desaparecer  su escaso patrimonio – casa que como muchas, datan  de finales del siglo XIX. El caserío forma parte  de  22 manzanas que comprenden 385 edificios históricos- por la fuerza de la naturaleza ;» sólo vi una gran nube de polvo, no sé de dónde saque fuerzas o si alguien me ayudó a sacar a mi hijo en una silla de plástico , no lo recuerdo,  pero sí  después de unos minutos que me parecieron una eternidad me vi frente a mi hogar todo destruido,  pero a salvó «- señala Doña Hortensia vecina  de Metepec ,Atlixco y afectada por la severidad del terremoto.

La familia Morales ha tenido que pernoctar junto con su pequeño vástago –quien padece una discapacidad-  casi dos semanas en la calle, justo frente a lo que fue su vivienda cuidando sus escasas pertenencias; dos  colchones humedecidos  por las constantes lluvias que no han cesado desde sismo , un ropero destartalado ,algunos enseres de cocina descarapelados por el uso constante, raídas  prendas de vestir rescatadas de los escombros , un pequeño cuadro religioso ,recuerdo de su visita al santuario del “Señor de Chalma” que pende de la entrada principal testigo fiel de la furia divida que arrebató la morada de sus Morales.

La avenida  Juárez  ya tiene marcas y números; la vivienda de los Morales está catalogada con el  82 686 en rojo  ,color del indicativo de demolición total  – rojo demolición total, amarillo daños reparables y verde sin riesgo para sus habitantes-;  sin embargo la ayuda gubernamental no llegará sino hasta cuatro meses después -tiempo estimado por protección civil para resarcir los daños por el seísmo- mientras, Juanito en su inseparable silla de plástico inmerso en su mundo ajeno a la devastación y sus padres ,tendrán como único techo el firmamento y cobijo la ayuda humanitaria de los vecinos.

La vida de los Morales cambió como la de muchos  el 19 de septiembre. Aquella hora fatídica 13/14 sacó de sus casas a la población de Metepec .Nueve días  después el terror hizo presencia nuevamente en la zona, el seísmo también removió las entrañas del coloso Popocatépetl, una inmensa fumarola acompañada de tremores volcánicos lanzando fragmentos incandescentes. Hoy la familia Morales vive en la calle y a los ´pies de la “Montaña que humea”.

 

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