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El pago de una manda

Es medio día en la colonia Alta Vista de la ciudad de las, Atlixco. El sol inmisericorde cae a plomo y 25 hombres y 5 mujeres se preparan para iniciar el suplicio en busca del perdón.

Uno a uno van llegando a la casona de la calle Las Brisas sin número, apenas unos cincuenta metros la separan de la iglesia del Cristo Blanco de donde partirán para recorrer dos kilómetros de pendientes y bajadas , calles empedradas y sin asfalto. Todo a unos 35 grados de temperatura.

La hospitalidad es notoria ¡Pasen están en su casa¡

Nos invitan los penitentes para hurgar en su intimidad, en su secretismo, en su fe.

Metros de gruesas  cadenas de hierro yacen en el piso, imágenes del Cristo crucificado le hacen compañía y la esencia principal de los engrillados, los  pedazos de huizaches-  están listos para torturar el cuerpo desnudo de los deudores que pagan con el sufrimiento la manda  del Viernes Santo.

El pecado no es exclusividad de los hombres y cinco mujeres preparan su cuerpo bañándolo de aceites y alcohol para cubrir sus humanidades vestidas de negro ocultado su rostro con un paliacate del mismo color con algunos kilos de cadenas y varias series de espinas. A ellas les compete cargar   la imagen de la madre del “creador”, la Virgen María.

El sincretismo no está peleado con los dogmas y la Santa Muerte  se hace presente  en los dorsos de los “engrillados” para ir de la mano por los caminos de la fe. Leyendas de amor, nombres del ser amado, plegarias, rosas, rostros prehispánicos adornan la piel de los sacrificados.

El sol sofocante deja sin aliento, las trenzas de cadenas pesan, las punzantes espinas -que se colocan en pecho, brazos, antebrazos y piernas-  duelen y el sonar de una tambora marca el inicio de la caminata a ciegas para recorrer 14 estaciones del “Viacrucis”.

¡Piedad señor piedad¡..  Reza la letanía de  un dogma que traspasa los poros de una piel lacerada  por el peso del hierro candente .Para los “engrillados” no hay piedad, solo sed, sol y dolor.

Las  pendientes no dan tregua, el esfuerzo  es agotador ¡agua ,agua ¡  piden algunos , pero los sorbos no alcanzan para mitigar la sed y el castigo.

Algunos se rezagan, la debilidad humana se manifiesta, el peso de las cadenas se triplica. La sentencia está escrita para los penitentes. El dolor su  recompensa.

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