El desconcierto se adueñó de «Doña Estela». Un letrero que asomaba en una de las rejas que servían de balcones en el viejo edificio del «Palacio Federal» la paró en seco.
«Por disposición federal se SUSPENDE la atención masiva de beneficiarios de la 3ra edad», leía con estupefacción la mujer que no daba crédito a lo estipulado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador; ese que en sus programas asistencialistas vocifera que » primero los pobres».
En la mente de la recién llegada se esfumaba como por arte de magia el «apoyo» que le serviría para subsistir en los próximos seis meses; tiempo estimado para hacer frente a la pandemia que mantiene restricciones de circulación, a fin de evitar el contagio del COVID-19 (coronavirus).
Como ella; algunas decenas de personas adultas condenaban la determinación del gobierno federal que restringe la ayuda a quienes ven ese ingreso como un salvavidas en tiempos de «cuaresma»
«Sí no nos mata el virus; nos va a matar el hambre», expresaba alguien de entre el remolino de personas que deseaban ser escuchadas, aunque sea en ese momento de impotencia.
Personas como Carmen N., reclaman la sentencia de las autoridades que los condena a la indefensión, «¿Cómo puedo saber si van a seguir pagando si dicen que me avisan por el «guas» (whats)?, al tiempo de enseñar un minúsculo teléfono de los conocidos popularmente como «cacahuate».
Alguien más expone que tiene dos días de hacer fila: «Ayer me dijeron que ya no alcancé ficha. Hoy vine más temprano porque no hay mucho transporte y me niegan mi dinero, ¿cómo me voy a regresar a seguir la cuarentena que exige el gobierno?”. Una mano anónima le extiende unas monedas a la mejor de avanzada edad.
Carmen, Estela, Martín y cientos de anónimos giran sobre sus ejes para emprender el regreso con destinos diferentes: lo único en común de todos ellos es su retorno con las manos vacías.




