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Reyes anónimos

Se les veía correr de un extremo a otro de la calle en busca de automovilistas que cada año reparten juguetes en un día donde el zapato y la carta dirigida a los tres Reyes Magos es motivo de alegría y fantasía.

La fecha de hoy ha sido diferente, la pandemia provocada por el SARS-CoV-2 ha intimidado a los donantes, apenas unos cuantos ciudadanos se dan a la tarea de obsequiar algunos juguetes; insuficientes para, aunque pocos, no menos entusiastas pequeños ávidos del regalo que faltó en sus hogares precarios.

Pelotas, cochecitos, rompecabezas, muñecas despeinadas y desnudas tipo «barbi» eran almacenadas en bolsas de plástico por los críos, como botín ganado al esfuerzo y la paciencia de una larga espera sentados en la fría banqueta.

Cada una de las caras infantiles representaba una alegría diferente, una fantasía, un logró, pero todas y todos perseguían un mismo fin; obtener el juguete sucio, desnudo, nuevo, usado, barato, caro, que no llegó en la madrugada acompañado de los tres Reyes Magos.

En momentos la pelea cuerpo a cuerpo se presentaba férrea, había que luchar por el trofeo que salía de las manos piadosas que desde sus automóviles o a pie obsequiaban a los pequeños.

La tarde caía, la faena terminaba; bolsas de basura repletas de juguetes era llevada a cuestas por los infantes que eran superados por el tamaño de la recompensa, pero con los rostros radiantes de felicidad como cuando ganas ¡no la batalla!;sino la guerra misma. Era tiempo de disfrutar el triunfo.

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