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10 junio 2015

HERNÁNDEZ ESPINOSA: LA HISTORIA DEL CIENTÍFICO Y UN PAMBOLERO POBLANO

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by García R - 0 Comments
HERNÁNDEZ ESPINOSA: LA HISTORIA DEL CIENTÍFICO Y UN PAMBOLERO POBLANO

Es el responsable de que exista un talco cicatrizante para pie diabético y un filtro que atrapa gases invernadero

Sus investigaciones en la BUAP están basadas en las propiedades de las zeolitas

José Miguel Ángel Hernández Espinosa, investigador del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP), ha trabajado con zeolitas desde hace más de 30 años, con la misma pasión que cuando niño jugaba al fútbol cada sábado: con la camiseta bien puesta. De entre sus goles destacan un talco cicatrizante para pie diabético y un sistema de filtros para la adsorción selectiva de dióxido de carbono y otros gases contaminantes, invenciones que dan cuenta de su dedicación, tan apasionada ahora como antaño.

De origen poblano, el académico es el inventor de estos dos importantes desarrollos científicos, que tienen su aplicación en la salud y el medio ambiente, áreas torales para la humanidad. Por ciertas trivialidades de su vida, dice, incursionó con buenos resultados en la investigación en zeolitas naturales, minerales que por sus propiedades únicas y sorprendentes, son conocidos desde finales de siglo XX como rocas mágicas.

Su vocación científica la descubrió a una edad temprana, durante su juventud, mucho después de su pasión por el fútbol. José Miguel Ángel es un pambolero poblano, cuya tradición familiar en el balompié inició en el oratorio Felipe Rinaldi, en la 78 Poniente de la ciudad de Puebla, donde “para que te dieran tu tamal y tu atole, y sobre todo para que te dejaran jugar fútbol, tenías que entrar a misa”, recuerda el científico.

-¿Usted es católico?, se le pregunta.

– Como dicen los chavos de ahora: “equis”, responde.

El doctor que no estudió Medicina

Hernández Espinosa fue amigo de Leopoldo García-Colin Scherer, destacado académico mexicano, quien falleció a la edad de 81 años, en 2012, fundador del campus Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Recuerda a García-Colin como precursor de las ciencias en el país, pues el doctor Honoris Causa de la UNAM, además de ser profesor de esta institución, lo fue de la UAM y de la BUAP –de 1960 a 1963, en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas. “De entre sus tantos alumnos destaca Mario Molina, Premio Nobel de Química”, comenta.

Por su cercanía con éstos y otros científicos, Hernández Espinosa ha configurado excelentes relaciones con importantes centros de producción científica. Junto con Mario Molina, ha participado en espacios académicos para reflexionar en torno a los gases de efecto invernadero, tema con el cual ese científico ganó el primer Nobel de Química para México.

Durante sus estudios de posgrado en Fenómenos Físico-Químicos de Superficies, José Miguel Ángel Hernández Espinosa realizó esfuerzos importantes que fueron reconocidos incluso por el Presidente del México de aquel entonces, Miguel de la Madrid Hurtado, quien le entregó la Medalla al Mérito Universitario UAM. Aunque realizó la maestría y el doctorado en Iztapalapa, considera a la BUAP como su verdadera cantera, al ser egresado de la preparatoria Emiliano Zapata y de la Facultad de Ciencias Químicas.

Sus maestros, algunos provenientes de la Universidad Estatal M.V. Lomonósov de Moscú, y otros de la BUAP, forjaron su disciplina en la investigación científica, así como su interés por el trabajo de laboratorio. “Es una pasión muy similar a mi gusto por el fútbol, pues ha perdurado pese al tiempo”, señala el también responsable del Departamento de Investigación en Zeolitas del ICUAP, quien a partir de estos minerales ha hecho frente a serios problemas ambientales y de salud.

A través de las propiedades de las zeolitas erionitas, enriquecidas con nanodepósitos de cationes monovalentes, que actúan específicamente frente a los gases efecto invernadero, ha propuesto un sistema de filtros para la adsorción selectiva de dióxido de carbono y otros gases responsables del calentamiento global.

Asimismo, en atención a los millones de enfermos que sufren las graves consecuencias de la diabetes mellitus, ha inventado un talco cicatrizante para las úlceras en los pies causadas por esta enfermedad crónico degenerativa. Es decir, ha creado un polvo capaz de regenerar tejidos por el uso de fases activas eficientes, depositadas en el área externa de ciertos tipos de materiales zeolíticos con nanoporos.

“Yo soy BUAP desde la prepa”

Lo único que supera a su ejercicio científico, en términos de tiempo, es su trayectoria como jugador amateur de fútbol, un deporte que practica desde hace 45 años, o más, desde sus primeros años de vida, junto con sus dos hermanos.

Hernández Espinosa confiesa que hoy lo único que le impide levantarse temprano los días domingos para ir a correr -hábito que acostumbra repetir de lunes a viernes, a las 6:00 horas- es su cascarita sabatina con los del “Club 20 de Noviembre”, pues físicamente ya no se repone tan fácilmente como antes.

Acompañado de su esposa y dos hijas: una estudiante de Ingeniería Química y la otra de Ingeniería en Materiales, de la BUAP, Hernández Espinosa usualmente se anima a jugar fútbol en literalmente “un cacho de tierra”, tan sólo al recibir una llamadita de su hermano, dos años mayor, “quien de joven fue entrenador profesional y alumno del famoso director técnico del Puebla glorioso, Francisco González Gatica” -presume.

“Vamos a ver la Champions –en alusión a la UEFA Champions League, y compramos un six de ocho –cervezas. Todavía vamos a jugar, unos en compañía de sus hijos y otros incluso ya con nietos. Nada más le hacemos al cuento, pues los nuevos nos dicen ya están rucos. Yo les digo: ‘a ver lleguen’”, relata el investigador, quien recuerda con tristeza a los amigos idos: “de los que integraban el club, sólo quedan tres o cuatro, ya algunos se han adelantado”.

“Me preguntaba si yo era católico…Yo creo que sí. Contar con el reconocimiento de mi familia y amigos, aunque éstos me pregunten porqué creo si soy doctor, me hace sentir satisfecho y contento por los años invertidos en mi formación y trabajo académico. El cuate de allá arriba nos echa la mano y eso es importante”.

García R

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