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08 julio 2015

Un antes de la tragedia de Elia Tamayo (Parte uno)

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by García R - 0 Comments
Un antes de la tragedia de Elia Tamayo (Parte uno)

“Ya me voy mamita. Hay al rato nos vemos” decía José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo a su madre Elia cuando partía de la escuela.

Pasaron las horas del 8 de julio, y el menor llegó a su casa, una vivienda humilde de la comunidad de San Bernandino Chalchihuapan, que comparte con sus cuatro hermanas: Mariana (16 años), Adriana (11 años) Reyna (9 años) y Lorena (4 años).

“Mamita, ya llegué de la escuela. Te quiero mucho mamá” exclamó José Luis.

“Buenos días mamá, ya llegue” –bromeó como todos los días-.

-Buenas tardes, mi ‘jito, se dice buenas tardes. ¿Y tus hermanas?, inquirió la madre, Elia.

“¡Allá se quedaron con las amigas!, siempre con las amigas”, expresó y puso la mochila junto a su cama.

El adolescente de 13 años se alimentó y luego fue cortar pastura para su caballo, uno pequeño que montaba, su pasión antes del fútbol.

“Soy libre, soy libre” aún vive en la memoria de Elia Tamayo.

“Soy libre, soy libre” gritaba a todo pulmón su único hijo, cuando galopaba en su caballo.

Al otro día.

-No quiero ir a la escuela, despertó enfadado José Luis.

-No quiero ir a la escuela, le dijo a su hermana, quien le contestó que a su madre se iba a enojar.

Ante el temor de la reprimenda de su madre, guardó las cosas de su mochila, se cercioró de que llevaba su tarea.

Ya me voy mamita. Hay al rato nos vemos”, fueron las últimas palabras que el menor José Luis Tehuatlie Tamayo dirigió a su madre Elia Tamayo, sin conocer, que ya nunca regresaría de la escuela secundaria, donde cursaba el segundo año, porque sería herido de muerte en la cabeza por un proyectil de gas lacrimógeno.

“Yo no soy de las mamás que dicen: No mijito ahora quédate. No mijito, les digo que un día pierden la clase, vas a ir al segundo día y no sabes que pasó. Le decía que tenía que ir a la escuela, pero mi hija dicen él les dijo que no quería ir a la escuela, pero como saben que no los dejo, que deben de estar en la escuela, sólo no cuando no hay clases”.

Y aun convencida, de que ese día que su hijo no quería ir a la escuela, que pudo haber salvado la vida, la mujer señala que “Dios lo mandó a traer”.

 

García R

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