Gobierno
09 julio 2015

Una muerte lo perseguirá…

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by García R - 0 Comments
Una muerte lo perseguirá…

Es una mañana fresca con un cielo azul, apenas cubierto por delgadas nubes que forman figuras caprichosas y enmarcan el paisaje de un lugar señalado hasta el fin de los tiempos con el sello del fatídico día 19 de julio de 2014.La herida y el dolor siguen doliendo .

El ambiente no es diferente al de aquel día, aun se puede respirar un aire enrarecido como sí, perdurará el sofocante olor y nubosidad de las decenas de explosiones de bombas lacrimógenas y las balas de goma, salidas de las armas flamígeras de las fuerzas encargadas del orden, pero que en esa ocasión solo sirvieron para castigar al débil, al pobre, al indefenso, que su única arma para enfrentar al ejército avasallador del poder; solo era la protesta.

La cita con la tragedia es puntual como lo fue aquí el día en la que una bala de goma término con la vida del joven de 13 años .Alumno del segundo año de secundaria de la única escuela oficial de la comunidad enclavada en una planicie entre Puebla y Atlixco y teniendo como mudó testigo al coloso humeante que despertó a principios de los 90’s para que no se nos olvide su poder devastador. Y hoy vestido de blanco hasta sus faldas, como una expresión de luto en solidaridad con doña Elia Tamayo y rendirle honor al hijo de Chalchihuapan.

San Bernardino Chalchihuapan junta auxiliar de Santa Clara Ocoyucan –tierra que ha sigo la codicia de políticos de izquierda y el poder en turno por estar situada en una de las mejores zonas para las devoradoras inmobiliarias-tiene la sangre en sus entrañas de un mártir caído por las huestes de un Herodes moderno que buscaba entre la multitud acabar con la vida de quien pudo ser su jugador.

El sitio está casi intacto aún se aprecian las huellas perpetuas de las familias corriendo despavoridas, hombres mutilados y un pequeño en agonía…aún hay mapas rojos en la epidermis colectiva en la memoria de la población…aun hay llanto, dolor y gritos de una madre que clama justicia.

Aquel día el desalojo a las tres de la tarde del 9 de julio del 2014, cruzo la muerte por el puente que une Chalchihuapan y la carretera federal a Atlixco, pasando por encima de la vía rápida Atlixcayolt. Las fuerzas policiacas con armas de grueso calibre desalojaron a pobladores que pedían una oficina para su registro civil en su comunidad. José Luis recibió un impacto que tiño de rojo su precaria camisa a cuadros para caer en los brazos de un parroquiano que se encontraba a su lado a unas decenas de metros de la fusilería en cargada de acabar con la protesta.

“No chinguen, ya le dieron al niño”, fueron las palabras del alma caritativa que sostenía en vilo al joven “tierno, trabajador y cariñoso”-como lo describe su madre-en los momentos que su cuerpo flácido emprendía el camino sin retorno.

A poca distancia, en un cuarto humilde pende de la pared un cuadro rodeado de imágenes religiosas con la fotografía de un niño, que refleja el entusiasmo de haber cumplido con la encomienda católica, pero que en los momentos trágicos de su fatal desenlace se olvidó de protegerlo para caer abatido ante la saña de un gobernador que en el apellido lleva la consigna de la muerte.

Doña Elia enmudece al llegar al lugar donde el poder represor le quitó la vida a su hijo varón amante del fútbol y que en su anhelo quiso llegar a ser un medico de prestigio para curar a la gente de su pueblo del dolor; tal vez de ese dolor que hoy padece su madre. Sueño que se esfumo por una herida de muerte. Una muerte que no solo aniquila; sino que se perpetúa.

Nadie habla. El dolor es inmenso como el anhelo de justicia, su hija intenta consolarla con la mirada…Una mirada de niña que sufre lo mismo que el adulto, sus brazos apenas alcanzan a rodear la diminuta figura de su madre…La observa se les nota el nudo en la garganta cual manzana de «Adán» que contiene todo el dolor y sufrimiento por la ausencia de el hermano, del hijo que dormía en un cuarto acompañado de sus hermanas con las cuales

Ambas de abrazan y lloran en silencio, sus manos se entrelazan…ninguna se suelta, se comunican a través de la sangre que las une. Se demuestran ese diálogo que sólo una madre le puede transmitir a sus hijos sin necesidad de palabras- Hija yo estoy a tu lado. Madre no te soltare jamás- parecen decirse.

Una pequeña cruz hecha de carrizo, un globo blanco y una estampa de la virgen de Guadalupe acompañan a doña Elia, que cubierta con su rebozo emprende una caminata de varios kilómetros hacia el edificio del símbolo de la represión gubernamental; el CIS.

Su caminar es lento pero seguro , le pesa la loza que carga como una cruz en tiempos de calvario … Sí , un calvario que llevara hasta que la justicia divina se acuerde de ella, para poder respirar hondo y profundo y poder decir sin ninguna atadura “Se ha hecho justicia”.

El sol cae a plomo, es abrazador , el pavimento quema, el cansancio de los cientos de metros caminados agotan ; sin embargo la mujer menudita llevando a la diestra y siniestra a sus tres hijas encabezando la marcha silenciosa; pone el ejemplo no desmaya sigue firme ,de la mano de la hija menor que no ha soltado desde que inicio su caminar por el sendero que la llevara a la lucha incansable hasta alcanzar el castigo para los agresores del niño que pasaba por el campo en su regreso de la escuela en los momentos que el administrado por Rafael Moreno Valle reprimía a los pobladores ,siguiendo los pasos de su abuelo acusado por la muerte de al menos 58 campesinos en dos fechas :en Huehuetlan El Chico y Monte de Chila –Hoy el nieto es el principal culpable de la muerte de un niño de 13 años-.

Elia y sus hijas han caminado 5 horas en silencioso. Con dolor, con sed…sed de justicia.

El sol languidece .La jornada ha sido extenuante, el cansancio hace sus estragos, pero Doña Elia y sus hijas siguen enteras. Su fortaleza es inquebrantable como su lucha contra el personaje que en su apellido lleva el estigma del asesinato. Donde la muerte de José Luis Alberto Tehuatlie, lo perseguirá por el resto de su vida. Un muerto del que no se podrá esconder.

García R

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