Estado
19 julio 2015

“Mamita, no estés triste, yo aquí estoy contigo”

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by García R - 0 Comments
“Mamita, no estés triste, yo aquí estoy contigo”

La llanura deja ver la majestuosidad de un volcán vestido de blanco y con su aureola de vapor, cual corona de dioses del Olimpo, mira a sus pies a los desprotegidos mortales que lloran la desdicha de la pérdida del hijo caído por la represión gubernamental hace poco más de un año.

En este pedazo terrenal, una afligida mujer desconsolada deposita a la cabeza de una tumba, donde reposan los retos de un pequeño fallecido, diez días después de una masacre emprendida por las fuerzas policiales al mando de unos de los más sanguinarios titulares de seguridad estatal.Flores blancas como el alma de su único varón, en honor al “Hijo de Chalchihuapan”.

Gladiolas blancas, incienso, rezos, llanto; son los ingredientes amargos de esta diminuta mujer de tez morena como la virgen que venera “La guadalupana”, que postrada ante en montículo de tierra, coronado por una cruz del mismo color que menciona una oración para el descanso eterno de un alma impía, que su único pecado fue pasar por el puente donde el gobierno del estado desalojaba a los pobladores que exigían el regreso de los servicios públicos a su comunidad. “Pide, clama, exige, llora”, porque la justicia llegue a los culpables de la muerte de su vástago.

Doña Elia reconoce ante el sepulcro impoluto de José Luis Alberto “que los hijos son prestados”. Recuerda la fe católica del inerme estudiante de secundaria caído el 9 de julio, pero no justifica la agresión gubernamental contra una comunidad indefensa. Cuenta de los gustos del segundo de cinco herederos nacidos en San Bernandino Chalchihuapan y de su ilusión por ser “Libre”.

Ahí ante José Luis Alberto Tehuatlie –la mujer que se casó a los 19 años – también cuenta parte de su vida, de sus precariedades, de su felicidad familiar, del recuerdo que siempre la acompañará, de su sueño con su hijo que le menciona “Yo aquí estoy contigo, aquí estoy mamá, tú no me ves, pero aquí estoy”.

Bajo el designio divino, «los hijos son prestados», Elia Tamayo, mantiene el recuerdo de su único hijo varón que fue asesinado por policías estatales el 9 de julio de 2014.

La fémina seguidora de los principios católicos, tiene fresco el dolor y llora la muerte de José Luis Tehuatlie Tamayo que a los 13 años de edad, falleció el 19 de julio en el hospital del Sur de la capital, tras el proyectil que detonó en su cabeza, porque “así lo quiso Dios”.

El niño indígena de la comunidad de Chalchihuapan –del municipio de Santa Clara Ocoyucan- perdió la vida cuando salía de clases y caminaba en dirección a su casa, en el momento preciso que, policías del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, reprimían una manifestación.

Su hijo que era albañil en periodo vacacionales, son fruto de un amor juvenil. Elia se casó a los 19 años, con varón casi de su edad originario de “Las Palmas”, Veracruz.

El noviazgo prematuro, se concretó en el Centro Histórica de Puebla, cuando ella, ofrecía nopales de su región, Chalchihuapan y, viceversa, su pareja -a quien mantiene el nombre en anonimato- vendía café del vecino estado.

Con apenas segundo año de primaria, Elia y su marido han sacado adelante a cuatro hijas más, Mariana de 16 años, Adriana de 11 años, Reyna de 9 años y Lorena de 4 años, pero cuando no hay de comer “los alimentos llegan del cielo” y del apoyo de sus hermanos, que “siempre le dan un taco, del guiso del día”.

Aunque ha abandonado el campo, la fémina de ahora 37 años, se dedica a torcer hilo cáñamo, por kilo, le pagan tres 3 pesos. Orgullosa, presume, que hace al día 50 kilos y con el apoyo de sus hijas, arman un hilo para un rebozo, por el que reciben 35 pesos.

¿Usted vio como un castigo de Dios la muerte de su único hijo?

-No, le digo por qué no. Porque cuando nos han dado las pláticas, las que recibimos cuando se bautizan, no dicen que a los hijos sólo nos lo prestan, en cualquier momento se lo vamos a devolver, sólo Dios sabe. Somos de Dios.

¿Cuéntenos, que recuerda de José Luis?

-Él era muy bueno, con toda familia que llegaba a la casa, a veces no había comidita, pero ofrecía una tortilla con sal. La familia llegaba de lejos y decía que era muy bueno. Sus abuelos, les enseñó que la persona que llega, quieren un taco y vaso de agua. Él era un buen niño y estudiante, no tuve quejas de él, por niño pelionero (sic).

¿Así, como era en la escuela?

-Bueno, el jamás reprobó en la primaria, ni en la secundaria. Yo siempre estaba atenta con ellos. Cuando fue al kínder no podía agarrarle, pero estuve con él, salió sabiendo leer y escribir. Yo sólo pude estudiar hasta segundo de primaria, gracias a Dios, he sacado a mis hijos adelante. A mi hija, le enseñé a leer y escribir, entró al kínder y ya sabía sumar, pero era mi primera hija, mi esposo tenía un buen trabajo y yo sólo me dedicaba a ella y a la casa. Después, mi esposo se quedó sin empleo, pero gracias a Dios, me dio buenos pies y buenas manos, para trabajar, para salir unos días a trabajar, no me gustó dejar a mis niños solos, entonces conseguí hilos para torcer, ya trabajaba en las tardes en la casa. Armando los hilos y mis niños, haciendo la tarea.

¿En qué le ayudaba su hijo?

-Él ayudaba a una persona en lo que no podía hacer. Todos sus tíos lo extrañan porque era un chico, que nunca se negaba a trabajar. Era un chico fuerte, amable, sano, nunca se me enfermó, por eso nos sorprendió todo lo que pasó, tan rápido. Él me decía: «Mamita, ¿Ya no tienes leña?, vamos a leñar, para ahorrar y no comprar gas; eso del gas, mejor les doy para que vayan a la escuela, las cosas y sus papeles. Me daba el ánimo que necesitaba. Me decía que no me preocupará porque papá no tenía trabajo. Yo a él y mis hijos, les decía que le echaran ganas, que vieran que papá no tenía trabajo por falta de estudios. Siempre les doy ánimo, les digo: Hijos, échenle ganas, ustedes pueden, nunca digan que no pueden. José Luis este año iba a salir de la secundaria (rompe en llanto…) ya no está aquí con nosotros, tuvo que irse, así es (respira hondo para detener sus lágrimas).

¿Qué le gustaba?

– Andaba en su caballo, gritaba cuando se subía en él: Soy Libre. ¡Ah!, eso y el fútbol, salía al recreo andar con su pelota. En la casa sólo jugaba con sus primitos. Los domingos, primero ir a misa, comemos los alimentos que Dios nos socorre, salíamos en familia, les decía que es mejor andar en familia que todos se rieguen por todos lados. ¡No!, los domingos, yo los llevo a pasear un rato. A mi hijo le decía que no podía dejarlo en la calle porque hay amigos que te pueden enseñar como buenas cosas, como malas cosas. Me decía que quería salir con sus amigos, pero le decía: «No mi’jito, ahorita estas chiquito, yo soy el que mando, no tú; hasta que tengas 18 años, y ni eso, porque si te veo en mal camino, te voy a jalar las orejas». Pero, no era así, sino se le daba permiso, obedecía.

¿Qué aspiraciones tenía su hijo?

-Mis hijos siempre se preguntaban, mi hija la más chiquita que va en cuarto de primaria decía que quería ser maestra. José Luis decía que quería salvar vidas… (Silencia), todos con un sueño.

¿Una ocasión, nos dijo que su hijo trabajaba, en qué?

-Si, en vacaciones. Acompañaba a sus tíos, son albañiles, él iba aunque sea a empujar los tabiques. Cuando llegaba me daba 100 pesos, me decía: «Ten mamita, ¿Qué vas a comprar para comer? Era un niño fuerte. En la casa veía un tronco y se ponía a rajar para la leña con el hacha. Yo le decía que era chiquito, que no lo hiciera, pero decía que si quería, entonces, le dije que era mejor aprender a ganarse la vida y que no que salga por ahí, a traer las cosas fácil.

¿Qué extrañan de José Luis?

-La familia, demasiado. Él era un niño que se paraba y les decía, vengase “manitas” (a sus hermanas), les voy a dar su abrazo del oso. Mi niña chiquita se acuerda, me dice que vayamos al panteón a visitarlo. Mi niña dice: «Mi hermanito, como me acuerdo que me daba un abrazo de oso, me apachurraba mi hermano».

¿Lo recuerda?

-Siempre, eso nunca se van a olvidar, los recuerdos, por más que digo que no, pero siempre. Cuando reviso la cama en la que dormía. Nosotros, teníamos una cama grande para las niñas y el niño. Todos juntos amanecían. Pero, siempre que mi esposo se iba, mi hijo dormía conmigo.

¿Ha soñado con su hijo?

-Sí. Me ponía a llorar. En sueño me dijo: “Mamita, no estés triste, yo aquí estoy contigo”, lo vi debajo de mi mesa. Me dijo: “Yo aquí estoy contigo, aquí estoy mamá, tú no me ves, pero aquí estoy”. Entonces digo: Yo nunca estoy sola, estoy con él. (Sonríe, recuerda ese sueño, respira hondo para no llorar)

¿Qué tal antes, la pelea entre hermanos?

No, se querían demasiado. Yo les digo, yo vengo de una familia de 11 hermanos, nos queremos y apoyamos entre todos, así deben de quererse. Todos son hijos míos, deben de quererse, salieron de mí. Todos los quiero por igual. Mi chiquita me dice: «¿Me amas mamá?, ¿Cómo me amas, hasta el cielo?.. y le digo, que hasta el cielo, te amo. ¿Mucho?, sí, le digo, mucho, mucho, muchísimo.

¿Cómo le decían de cariño?

-Su tío, le puso el Konnan, decía: «Este niño es muy fuerte, es un Konnan, porque es muy fuerte, no se enferma, aguanta. Lo nombraron Konnan.

¿Y usted?

-Yo le decía, José Luis, nunca José Luis Alberto (Hace una pausa, de manera inevitable, descienden de sus ojos lágrimas) ¿Qué puedo hacer?, cuando yo me encontraba en el hospital se lo entregué a Dios. Le dije: «Dios mío, si es para ti, llévatelo de una vez, si es para mí, dale alivio». Yo sí, me sentía mal, viendo como estaba mi niño, los otros (personal de gobierno), me hostigaron, para que declarara.

¿Qué le dicen sus hijos de la lucha gubernamental que ha emprendido?

-Gracias a Dios me apoyan, me dan el ánimo. Yo le digo que tenemos que salir, porque si no lo hacemos nosotros, entonces, ¿Quién? Nos sentamos a platicar, mi hija se pone triste de que no estoy en la casa, pero le digo que así es, tenemos que salir, porque queremos un México mejor para ella y sus hermanos. Que ya no sigan, otras familias, pasando esta represión que nosotros tenemos, vivimos.

¿Cuál es su sentimiento con el gobernador, Rafael Moreno Valle?

-Qué nos trate como que no sirviéramos. No merecemos su trato, somos ciudadanos igual que él. Como es posible que el sintiéndose con todo el poder en la mano, no esté haciendo esto, no se vale. Somos como él, y necesitamos respeto.

¿Guarda rencor?

-Gracias a Dios, yo no podré guardar rencor a mi prójimo. Mi religión, no me lo permite. Yo sólo le pido a Dios: “Diosito que le mueva el corazón que él tiene, que lo transforme, que sea buena persona”; es lo que siempre tanto pido por él y todas esas personas que se sienten grandes.

¿Pero el gobernador no tiene corazón, sino ambiciones?

-Pues sí, porque todo lo tiene a la mano. Nosotros quisiéramos tenerlo, pero no lo tenemos, sólo tenemos que agradecer a Dios, que tenemos buenos pies y manos para trabajar.

García R

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