Gobierno
22 agosto 2016

«Aquí estamos preparados encontrar la muerte, pero nunca abandonamos a nadie»

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by García R - 0 Comments
«Aquí estamos preparados encontrar  la muerte, pero nunca  abandonamos a nadie»

La tormenta «Earl» ha arrasado con poco menos de medio millar de humildes viviendas construidas en las riberas de los afluentes que recorren paralelos las calles del  municipio de Chicahuaxtla, perteneciente Huauchinango, comunidad enclavada en la  Sierra norte del Estado de Puebla.

La fuerza natural devastadora dejó su testimonio, pero no ha podido acabar con la fortaleza de los lugareños que ante la falta de apoyos gubernamentales, como el programa de empleo temporal resurgen  de las  mismas entrañas de la tierra que enlutó a medio centenar a hogares.

Los testimonios hablan de los estragos ocasionados por el paso de la tormenta tropical Earl. Daños incuantificables y dolor “que no se puede escribir con mares de tinta”. La historia de Chicahuaxtla ha cambiado a partir del 6 de agosto, la tierra se los quiso tragar entre truenos, rayos, vientos y lluvia, que quedará  en la retina y memoria de los serranos por generaciones.

A pesar de que el gobierno panista ha afirmado que invertirá 135 millones de pesos para la reconstrucción de la zona «D», en los municipios arruinados  por el fenómeno meteorológico, sólo se pueden ver,  tinacos azules  con el emblema de la administración estatal. “Puebla Acciones que Transforman”.

A más de dos semanas de la fatal tragedia, poblaciones como Chicahuaxtla y Xalpetec aún permanecen enterradas entre  barro, ramas, troncos y muebles desechos a pesar de las faenas a pala y mano limpia  de los oriundos en sus  moradas y escuelas que permanecen en el abandono dejando en el desamparo educativo a las de quinientos  de infantes que recorren las calles cargando baldes con agua ante la carencia del vital líquido.

Tras quince días de la torrencial lluvia que azotó la zona “D”, que causó el desbordamiento de los ríos que recorren el poblado y anegó el asentamiento urbano motivando  la escases de alimentos que se incrementaron en su costo  hasta en un 300 por ciento; así como también el precio del transporte público propiedad de Familiares de Ardelio Vargas Fosado, que elevó de 20 a 30 pesos la dejada de sólo algunos kilómetros, el panorama serrano cambió, como también la vida de los propios parroquianos.

“Aquí estamos preparados encontrar  la muerte, pero nunca  abandonamos a nadie, como lo hacen las autoridades y líderes que se quedan con todo”.

En una de tantas casas señaladas  por los signos que alcanzaron las toneladas de lodo, los propietarios se dan a   la tarea de quemar sus pocas pertenecías de indumentaria a fin de evitar un problema de sanidad.

El ambiente es calmo, no hay viento, no indicios de lluvia, sólo calles y escuelas llenas de barro y basura, niños que corren estampando sus huellas en el lodo aún fresco, mujeres que se pasan el día arrodillas lavando lo poco que les ha dejado el abandono institucional, o los pocos utensilios de cocina rescatados de entre la desgracia. Hombres que luchan contra la corriente de los ríos para desazolvar los puentes; otros recogiendo el barro y la mierda de los chiqueros sin marranos.

En las calles se respira ese olor inconfundible de la miseria que se combina  con odio, impotencia y  abandono y detrás de esas casitas de madera y cartón, apenas pintadas de colores , familias sin ayuda ni esperanza alguna por obtener unas de las tarjetas prometidas por el gobierno panista para paliar momentáneamente el dolor de haber perdido todo.

Afuera hay señales de lluvia en la zona “D” -que ahora además de famosa está en ruinas –la muerte acecha, se presagia otro diluvio ,el miedo no es zonzo y apura a los habitantes de los barrios llenos de cuestas y casas precariamente construidas al borde de los ríos en espera de la “voluntad de dios”.

García R

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