A pesar de que el Papa ha condenado el asesinato de los dos religiosos –el sacerdote Alejo Nabor Jiménez Juárez y su sacristán José Alfredo Suárez, responsables de la Iglesia de Fátima, en Poza Rica, al norte del Estado de Veracruz – el prelado de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa minimizó la violencia desatada por la delincuencia en contra de los ministros de culto al asegurar que no reforzarán su seguridad personal.
La violencia, dijo el pontífice es “injustificable”, sin embargo para el religioso poblano – Sánchez Espinosa-sólo seguirán haciendo “oración” para erradicarla del País, “dejando en las manos de dios” su protección física.
Aunque se especula sobre los motivos de los asesinatos de los dos religiosos, uno de ellos poblano – versiones no confirmadas refieren que el cura y su ayudante convivieron con sus verdugos y al calor de la reunión hubo diferencias entre ellos que terminó en violencia- el líder de la grey católica reconoció que la delincuencia ha alcanzado a los prelados sobre todo en la zona del norte de Veracruz considerada un santuario zeta.
Recordó que la diócesis donde estuvo asignado el poblano Alejo Nabor Jiménez Juárez es compartida con el estado veracruzano y la sede de la archidiócesis se ubica en Teziutlán, esto al tiempo de aceptar que los riesgos en este sector religioso ante las amenazas y extorsiones contra los sacerdotes son derivados de la difícil situación que se vive en el estado y el país.




