Lo hemos dicho en diversas ocasiones. Los militares no deben ser utilizados en combatir criminales, sus funciones están lejos de ser útiles en prestar servicios de seguridad pública.
Hoy día que se habla con insistencia del regreso de los militares a los cuarteles, les volvemos a recordar lo que establece con toda claridad nuestra ley Suprema en su artículo 129.- En tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar. Solamente habrá Comandancias Militares fijas y permanentes en los castillos, fortalezas y almacenes que dependan inmediatamente del Gobierno de la Unión; o en los campamentos, cuarteles o depósitos que, fuera de las poblaciones, estableciere para la estación de las tropas.
Desde el fin de la revolución mexicana, los legisladores se ocuparon de devolver a los cuarteles a los militares.
El temor fundado de “alzamientos” y asonadas fueron la preocupación principal de los gobiernos post revolucionarios.
Nuestro país dejó de padecer “levantamientos” militares desde la década de los años 40 del siglo pasado.
Por ello contamos con un ejército de paz.
Nuestra fuerza armada tiene como obligación constitucional salvaguardar la seguridad de todos los mexicanos y ser garantes de nuestra soberanía.
La absurda y equivocada decisión de la Familia Calderón de “sacar” al ejército mexicano de los cuarteles y ponerlos a patrullar las calles fue uno de los muchos errores cometidos por ese mal gobierno.
Además de irresponsable, los Calderón expusieron a nuestras fuerzas armadas a la “contaminación” de la corrupción que el “crimen organizado” promueve bajo la consigna de “plata o plomo”. Así, expuso a nuestro ejército y nos expuso a todos nosotros a “caer” en la vorágine de la pérdida de las instituciones y con ello de llegar al “Estado fallido”.
Y no se trata de un asunto menor. La seguridad de todos los mexicanos es lo que está en peligro y lo único que nos queda es el ejército para nuestra salvaguarda.
Por ello es que los militares nunca debieron dejar los cuarteles. Y deben regresar a ellos a la brevedad y con honor.
ARTURO LOYOLA GONZALEZ




