Hay que reconocer que el actual presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el tal Donald Trump ha logrado lo que muy pocos habían hecho: Unificar a los mexicanos en su contra.
En el México actual, casi había desaparecido el sentimiento anti yanqui.
Es con la llamada doctrina Monroe (1823, presidente norteamericano James Monroe) bajo el lema: América para los americanos, que los presidentes norteamericanos han justificado sus invasiones he intervenciones a lo largo de casi doscientos años por todo el continente. México, Cuba, Nicaragua, Panamá, Chile, Brasil son países que han sufrido de manera directa esas prácticas militares.
En nuestro México y con motivo de los despojos de tierras (2 de febrero de 1848, Tratados Guadalupe-Hidalgo) se arraigó un gran sentimiento anti norteamericano.
James Knox Polk, es el nombre del presidente norteamericano que provoca y apoya a los anexionistas a apoderarse de Texas y Baja California. En ese entonces y con la complicidad de traidores a México, nuestro país fue despojado del 55% de su territorio (2 378 540 km2) correspondiente a Texas, California y Nuevo México.
Ya en el siglo XX, México padece nuevas intervenciones y amenazas: En 1911, con el pretexto de «proteger» a ciudadanos norteamericanos, el presidente William Taft ordena el desplazamiento de 20 mil soldados a la frontera sur y ocho buques de guerra frente a las costas de California.
En 1914, la Marina de Estados Unidos bombardea la ciudad portuaria de Veracruz, un ataque aparentemente motivado por la detención de soldados norteamericanos en Tampico. El presidente Woodrow Wilson ordena que la armada ataque a Veracruz.
No sobra recordar que el termino Gringo (Green Go), nace y se populariza en el Puerto de Veracruz en ese entonces, los jarochos hacían referencia a que los soldados americanos deberían de largarse a tu tierra y dejar en paz México.
Posterior a la Revolución Mexicana, las intervenciones norteamericanas han sido de carácter comercial he ideológico. Nos han tratado de imponer su idioma (tal y como lo hace cualquier imperio) sus modas y sus costumbres. Sus cadenas comerciales, sus autos y su música.
La paulatina desaparición de nuestras tradiciones y nuestra historia, hoy renace ante las decisiones irracionales del tal Donald Trump.
Lo de deportar a millones de mexicanos nacidos en Estados Unidos y con ello separar familias generará un enorme problema aquí y allá. Lo de terminar de construir el muro fronterizo y obligar a México a pagarlo, no sólo es absurdo por irracional, es inmoral y violatorio del derecho internacional y de nuestra soberanía.
Sin embargo, yo propongo también construir un gran muro.
Un muro infranqueable.
Construyamos un enorme muro que impida que las elecciones se ganen comprando el voto de los más pobres de mi país.
Construyamos un muro que impida que la corrupción, la impunidad, el tráfico de influencias y el compadrazgo, sean en motor de nuestra economía.
Construyamos un enorme muro que impida que nuestra riqueza nacional ya sea en petróleo, en oro o plata, maderas preciosas y minería, estén en manos de empresas extranjeras que sólo saquean y contaminan nuestros ríos y nuestros mares.
Construyamos un muro contra las empresas acaparadoras y distribuidoras de alimentos de primera necesidad para que así podamos acabar con la imposición de los precios de las mercancías básicas.
Construyamos un enorme muro para garantizar la educación gratuita para nuestros niños y jóvenes.
Construyamos un muro con el que garanticemos a nuestros adultos mayores una vejes digna.
Construyamos un enorme muro que nos permita vivir en un mundo libre de violencia hacia nuestras mujeres.
Construyamos un enorme muro que nos permita vivir en un país dónde el “crimen organizado” y la violencia no sean protegidos desde el poder del estado.
Construyamos un gran muro de honestidad, de respeto y solidaridad entre los mexicanos.
Sí construimos ese gran muro, estaremos edificando una gran sociedad que obligue a los servidores públicos a conducirse con rectitud, con buena voluntad y con el mejor de sus esfuerzos
Sí construimos ese enorme muro, estaremos edificando un futuro en dónde no tengamos que avergonzarnos ante nuestros hijos y nuestros nietos por no haber hecho nada. Por no dejarles un futuro para vivir.
Sí construimos ese gran muro, construiremos a su vez un futuro en dónde no tengamos que avergonzarnos por no haber sido capaces de hacer algo en contra de quienes depredan, matan y asesinan nuestros ecosistemas, nuestra naturaleza y dilapidan nuestra riqueza.
¡Constrúyanos ese enorme muro ya!
C.P. Arturo Loyola González




